Durante años, las grasas han estado en el punto de mira. Muchos alimentos comenzaron a promocionarse como "light", "bajos en grasa" o incluso "sin grasa", generando la idea de que todas las grasas eran perjudiciales y que debían evitarse.
Hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja. No todas las grasas son iguales.
Y algunas forman parte de los patrones alimentarios más estudiados y valorados del mundo, como la dieta mediterránea.
Las grasas son necesarias
Aunque durante años se intentó reducir su consumo al máximo, hoy sabemos que las grasas desempeñan funciones esenciales en nuestro organismo.
Participan en la formación de las membranas celulares, ayudan a absorber determinadas vitaminas y constituyen una importante fuente de energía.
Además, forman parte de estructuras tan importantes como el cerebro, los ojos o el sistema nervioso.
Por eso, la pregunta no es si debemos consumir grasas, sino cuáles elegimos.
No todas las grasas son iguales
De forma simplificada, podemos distinguir entre grasas saturadas e insaturadas.
Las grasas insaturadas son las que comúnmente conocemos como grasas saludables y están presentes en alimentos como el aceite de oliva virgen extra, el aguacate, los frutos secos o las semillas.
Precisamente por eso estos alimentos ocupan un lugar destacado dentro de la dieta mediterránea.
El papel del ácido oleico
El principal componente graso del aceite de oliva virgen extra es el ácido oleico.
Se trata de una grasa monoinsaturada que suele representar entre el 70% y el 80% de la composición total del AOVE.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reconoce que sustituir grasas saturadas por grasas insaturadas en la dieta contribuye a mantener niveles normales de colesterol sanguíneo.
Esta es una de las razones por las que el aceite de oliva virgen extra ocupa un lugar tan destacado dentro de la dieta mediterránea.
Mucho más que una grasa
Sin embargo, reducir el aceite de oliva virgen extra únicamente a su composición grasa sería quedarse corto.
El AOVE es un alimento complejo, resultado de la combinación de numerosos compuestos naturales que contribuyen a definir su sabor, aroma, estabilidad y personalidad.
Por eso, cuando hablamos de aceite de oliva virgen extra, hablamos de mucho más que una simple fuente de grasa.
Hablamos de un alimento que forma parte de nuestra cultura gastronómica desde hace siglos y que sigue ocupando un lugar destacado en uno de los patrones alimentarios más valorados del mundo: la dieta mediterránea.
Elegir un buen AOVE no consiste únicamente en elegir una grasa para cocinar o aliñar.
Consiste también en apostar por la calidad, el origen y el placer de disfrutar de las cosas sencillas.